160 años del natalicio de Lisandro Alvarado, humilde como todo sabio

Contaba mi padre, el educador César Peralta Alvarado que una vez en Ospino, donde se desempeñaba como médico, metido en las aguas del río Lisandro Alvarado bañaba su caballo. Un viajero se le acercó y le pidió bañarle el suyo. Sin inmutarse el sabio tocuyano asintió y aseó los dos equinos. El dueño del caballo se fue a una bodega cercana a esperar y allí le contaron de la eminencia a quien había confiado la atención de su bestia. Apenado el hombre fue a disculparse de su arrogancia. No se preocupe le dijo el etnólogo de quien se cumplen 160 años de su nacimiento, en medio del silencio de las autoridades y de la propia universidad que lleva su nombre. Era para que sonasen fanfarrias.

Empujado por las estrecheces económicas, muy temprano el joven tocuyano se trasladó a Barquisimeto a trabajar como dependiente en una farmacia donde quizás empezó su amor por la medicina. Venía de Trujillo, donde concluyó su bachillerato luego de estudiar en el colegio La Concordia de El Tocuyo, regentado por Egidio Montesinos, donde desde niño recibió la inicial y más decisiva influencia de su vida: el contacto con los clásicos y el conocimiento del latín.

Hijo de Rafael Alvarado y Gracia Benigna Marchena, Lisandro Alvarado nació en El Tocuyo el 19 de septiembre de 1858 en los albores de la guerra federal sobre la cual después escribiría un denso trabajo. De veinte años, en 1878 se fue a estudiar medicina en la Universidad Central de Venezuela en Caracas donde el joven provinciano se relaciona con los personajes de la época y vive intensamente la singular historia política y cultural de la Venezuela del guzmancismo y el contacto con la ebullición doctrinal por la enseñanza del positivismo de Augusto Comte alentado por los maestros Adolfo Ernst y Rafael Villavicencio.

Alvarado pasa de la fe religiosa hogareña a las nuevas ideas y su contacto con esta filosofía y los saberes universitarios forman la perspectiva para sus primeras investigaciones en la etnografía, la historia y el lenguaje, dando a conocer sus primeros trabajos en 1882, saber científico compartido con César Zumeta, Luis López Méndez y José Rafael Revenga.

Venezuela vive importantes transformaciones en la época guzmancista y el mundo intelectual es escenario de discusiones de ideas y pensamientos donde sobresale el erudito neoclásico Cecilio Acosta, quien ejerce un magisterio moral e intelectual en la juventud, quien lo conecta con el poeta cubano José Martí a su paso por Caracas en 1881, de importante influencia en su visión de la vida y la ciencia con las ideas neoclásicas.

Doctorado en medicina, Alvarado se radicó en Ospino, estado Portuguesa donde inicia la itinerancia por el país impulsado por su ansia de conocimientos y a lomo de mula, en canoa o a pie, recorrió la geografía nacional en contacto directo con la belleza del paisaje venezolano y su rica biodiversidad así como de las costumbres y tradiciones populares, la manera de hablar de las gentes, incluyendo los pueblos indígenas que conoció y cuya lengua estudió de primera mano.

En Ospino contrajo matrimonio con Amalia Rosa Acosta con quien procrea siete hijos y en 1888 se encarga de la medicatura rural de Guanare donde fue además rector del Colegio Nacional, estando el general Francisco Batalla en la presidencia del Estado Zamora (hoy Barinas) y luego como Médico en Comisión al Tinaco, durante la epidemia de aquel año. De regreso en Ospino, por gestiones del general Batalla en 1890 lo designan Cónsul en Southampton, Inglaterra pero renuncia pronto y regresa a Venezuela. El año siguiente vuelve a Europa, a Londres, delegado al séptimo Congreso de Higiene y Demografía, donde fue miembro del Consejo Honorario Extranjero del Congreso. Ese mismo año recorre Europa y a su regreso lo designan Médico Cirujano Mayor del Ejército del Centro.

Comienza entonces una fructífera etapa de escritos, publica en 1892 “Arminio y Dorotea” en El Cojo Ilustrado y redacta los estudios sobre “las Neurosis sobre hombres célebres de Venezuela” (1893). En 1894 publica “Sobre las guerras civiles del país”, en 1900 sus “Observaciones sobre la revolución de 1810 en Venezuela”, la primera parte de su trabajo sobre “Los delitos políticos en la Historia de Venezuela” y en 1903 “Ideas sobre la evolución del español en Venezuela”, primero de una serie lexicográfica, única en la Venezuela de su tiempo.

En 1919 el Ministro de Relaciones Exteriores lo comisiona para clasificar los informes sobre productos y mercados en los Llanos y los Andes. Junto a Julio Salas, Alvarado publica la primera revista de temas indígenas “De Re Indica”.

En 1.920 se residencia en el Calvario, en Caracas y por intermedio de Santiago Key Ayala es encargado de la Dirección de Política Comercial de la Cancillería y forma parte como crítico de la redacción de la revista “Cultura Venezolana”.

El 30 de julio de ese mismo año recibió la Orden Libertador en Tercera Clase y publica en Caracas el “Glosario de voces indígenas”. El 10 de noviembre es electo Miembro Honorario Extranjero de la Sociedad Americana de París.

Como reconocimiento a su extensa labor en la investigación en 1905 se incorpora como Individuo de Número de la Academia de Medicina y el 23 de abril de 1922 con su discurso “La poesía Lírica en Venezuela en el último Tercio del siglo XIX”, como Individuo de Número de la Real Academia de la Lengua y el dos de julio le fue concedido el Grado de Comendador de la Real Orden de Isabel La Católica del Gobierno Español, otorgado por Alfonso XIII.

El 29 de abril de 1923 se incorpora a la Real Academia Nacional de la Historia como Individuo de Número con el discurso “Movimiento Igualitario en Venezuela”, el cual fue contestado por Laureano Vallenilla Lanz. El 26 de enero de 1925 recibió la Medalla de Honor de la Instrucción Pública en Caracas y prologa el Poemario de Roberto Montesinos. Este mismo año sufre un ataque de hemiplejía y después de recuperarse, publicó el libro de Henri Pittier “Manual de las Plantas Usuales de Venezuela”. Sus Obras Completas en ocho volúmenes se comenzaron a publicar en 1958 y queda pendiente una colección inédita de sus manuscritos en custodia de la Academia Nacional de la Historia.

El 10 de abril de 1929 muere en Valencia y desde el 14 de mayo de 1980 sus restos reposan en el Panteón Nacional. Médico, naturalista, historiador, etnólogo y lingüista, masón en grado 30, la universidad más importante de Centro Occidente del país lleva su nombre.

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