Amor artesanal

EFE

Se acerca la Navidad. El Hijo de Dios se hace hombre y entra en el mundo siendo un niño, hijo de unos padres jóvenes que van a Belén para cumplir con el censo que el Emperador a ordenado a los judíos. Dios viene, nace: el Niño Jesús.

Los “nacimientos” que se fabrican en las casas son de una creatividad impresionante. Con ingenuidad muestran los misterios de Dios. Al portal de Belén miran todos: pastores, reyes, lavanderas, niños, ovejas, cerdos, burros. Allí hay una estrella que alumbra y llama la atención porque allí nace el Niño Jesús, que es Dios hecho hombre.

Hay detalles que revelan la intencionalidad de Dios: mandarnos a su propio Hijo, el Redentor del mundo, hecho hombre. Aún más, hecho un niño. Amor artesanal porque está manifestado por muchos detalles. Por ejemplo: san José es un hombre joven normal, esposo de su mujer, padre responsable de su esposa y su hijo. Se apersona del viaje a Belén, busca dónde puede parir su esposa. Logra el mejor lugar posible. Toma a su esposa y a su hijo y huye a Egipto. En fin, un hombre de Dios, con los pies en la tierra, que vive de su trabajo de artesano. San José es una muestra del amor de Dios en los detalles.

¿Y María? Una joven, desposada que acepta ser madre de Dios siendo Virgen. ¡Gran misterio! Y se confía a Dios y a su esposo. “Dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales, y lo recostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón” (Lc 2,7). Se ocupa de su Hijo desde que lo concibe y con José se enfrenta a las vicisitudes que conlleva el traer a Jesús al mundo. Lo acompaña hasta su Ascensión al Cielo.

Hay algo más: el amor de Dios no está en palabras. Desde que nace el Niño Jesús, todos los niños del mundo deben vivir y ser amados como lo fue Jesús. Y experimentar de su familia y de los creyentes el amor artesanal, de detalles, que tiene Dios con nosotros.