Cecilia Labrador, poetisa, actriz y luchadora social

La mujer se montó en la buseta y ofreció pagar el pasaje con una canción. El chofer río y aceptó. Ella cantó mientras el vehículo avanzaba por las calles de Barquisimeto. Con esa espontaneidad y sencillez andaba Cecilia Labrador en la ciudad y así la conoció Betty González. Después la encontró en la Escuela de Estudios Teatrales dispuesta a aprender nuevas cosas a los cincuenta años. Ocho meses mas tarde la novel actriz participa en “Los fusiles de la Madre Carrar” bajo la dirección de Carlos Denis, con la cual va al festival latinoamericano de teatro en Nueva York. La urbe le impresiona como le ocurrió en Buenos aires, donde la sorprenden las múltiples actividades culturales que siempre quiso para Barquisimeto.

Nació hace 95 años, el dos de mayo de 1921 hija del venezolano Rafael Labrador y María Teresa Romero, colombiana, en un poblado vecino a Cúcuta de donde escapó de seis años, de polizón en un camión que llevaba mercancías. Atravesó la frontera y llegó a Táriba, donde la protegió hasta los 14 años Delfina de Noguera. Y allí emprendió un largo peregrinar, como contaba siempre. Estudio enfermería que ejerció en San Cristóbal y Caracas, de donde se vino a Barquisimeto, pasó a Sanare y Río Claro como partera.

Cecilia Labrador fue multifacética en su sentir por los demás, como cooperativista luchó por estas organizaciones para fortalecerlas en función de sus socios, como folkorista promovió el arte popular, como ambientalista motivó la protección a los animales, a los burros porque era la comida de los felinos del zoológico y los cardenalitos en procura de su conservación. En Caracas desfiló vestida con los rojos colores del cardenal, traje simbólico confeccionado por ella con el cual pidió ser enterrada.

Protectora de los ancianos y tierna amiga de los niños, también trabajó en las cáceles para llevar consuelo, esperanza y solidaridad a los internos y además fue actriz, declamadora y cantante. Como poetisa cantó a la naturaleza, la paz y el amor. Su partida el diez de enero de 1992 sorprendió a la capital musical y la conmoción ocupó por semanas las páginas de los diarios con sentimientos de amor de una larga lista de quienes tuvieron la dicha de conocerla.