Convirtieron al archivo del Consejo Legislativo de Lara en posada de pueblo y refugio de funcionarios

Lo único que le falta a la histórica casona de Josefa Antonia Gil Fortoul en el casco histórico de Barquisimeto para convertirla en una verdadera pocilga de invasores es un gallinero para que los refugiados tengan huevitos para el desayuno, una huerta de hortalizas para las ensaladas y siembra de maíz para las arepas en virtud de los difíciles tiempos que vivimos.

Lo cierto es que hacer una consulta o una investigación en el Centro Autónomo Fondo Documental Legislativo del parlamento regional no es posible porque lo han convertido en misterioso alojamiento de funcionarios que allí comen y duermen en descarado peculado de uso, porque se trata de empleados de confianza viviendo en dependencias públicas, supuestamente porque tienen residencia en pueblos vecinos y debido a los agudos problemas de transporte (creados por ellos) y la falta de viviendas se instalaron en esta histórica edificación para paliar su “peladera de bola” por las circunstancias actuales.

Tradicional era que un funcionario de otro pueblo fuera contratado para un cargo en la ciudad y se mudara con sus enseres y ropajes esenciales a una residencia y si le alcanzaba, alquilar una vivienda y sería iluso creer que la Contraloría General de la República o la del Estado Lara investiguen este peculado de uso porque los “residentes” del archivo del Consejo Legislativo son camaradas, caimanes del mismo pozo.

De este abuso me enteré porque quise entrar a investigar sobre esta casona y el funcionario se puso tan nervioso que me mandó a hablar con el presidente del Consejo Legislativo, cuando se trata de una institución pública de libre acceso y me percaté que además es comedero de los diputados porque la dotaron con los enseres del programa “mi casa bien equipada” y contrataron a una señora para que les prepare la comida.

En fecha reciente el periodista Luis Alberto Perozo Padua –con apoyo del cronista e investigador Carlos Brandt Guerra– publicó la información que yo buscaba de lo cual había hablado con el doctor Omar Díaz Quiñones, quien fuera uno de los propietarios de esa casona construida en el llamado casco histórico, ubicada en la esquina suroeste de la carrera 17 con calle 23, frente a la antigua plaza Bolívar de Barquisimeto (hoy plaza Lara) para sede del gobierno provincial.

Cuenta Perozo Padua que según el cronista Eliseo Soteldo, “el inmueble existía para 1848, o por lo menos iniciaba su construcción, en un solar de la calle del Puente, en la esquina suroeste que forma con la calle Catedral” y la cita como obra de Juan de Dios Ponte, gobernador entre 1838 – 1842: “El principio de fábrica de un edificio de mampostería para todas las oficinas públicas, el cual no se llevó a término por haberse comprado otro ya concluido y espacioso en que permaneció el tren administrativo hasta el año 1854 que fue convertido en cuartel”.

En enero de 1856 la regia vivienda fue inscrita en el Registro Subalterno por Juan Piñero, según información recogida ´por el Cronista de la Parroquia Concepción, Romel Escalona en su obra “De sede para la Gobernación a Archivo Legislativo: Historia de una casa histórica”.

Después de varios dueños, en 1896 Rafael Félix Guevara la vendió a Eligio Macías y el documento describe sus detalles. Este caserón, señala Perozo Padua, está asentado muy cerca del templo de San Francisco, sede de la antigua catedral de Barquisimeto, tenía 18 metros de frente y 54 de fondo “en una distinguida zona, en cuya manzana habitan familias de cómoda posición social, todos herederos de la aristocracia del papelón y el café, propietarios de grandes extensiones de tierras en el valle del Turbio, Río Claro y las crestas del Terepaima, muy próximas a Portuguesa”.

Tenía una entrada principal a través de un zaguán, dos plantas, seis amplias habitaciones, un gran salón, un largo corredor que terminaba en otro dormitorio, con un solar interno que albergaba una hermosa fuente de agua que dejaba admirar el patio tupido de helechos colgantes y una espaciosa cocina. Sus techos eran altos de cañabrava y tejas, gruesas paredes y de fachada con altos ventanales de vista a la plaza de la ciudad y su segunda planta era de pisos de madera y había otro dormitorio de donde se divisaba el imponente reloj de la catedral incrustado en su campanario.

Este caserón contaba una gran establo de piso de piedra y permitía el acceso de las caballerías a través de un portón por la calle del Puente, hoy carrera 17. En 1919, Dominga Gil Fortoul, viuda de Eligio Macías la vende a su hermana Josefa Antonia Gil Fortoul de Yepes (imagen), propietaria de las haciendas El Molino y Bella Vista, además del ingenio Tarabana, entre otras propiedades. Ambas eran hermanas del historiador barquisimetano José Gil Fortoul, varias veces encargado de la presidencia de la República durante la dictadura del general Juan Vicente Gómez.

Los tres, Dominga, Josefa Antonia y José eran hijos del general de la guerra federal José Espiritusanto Gil García, llamado “el pelón Gil”, después presidente de la provincia de Barquisimeto y diputado al Congreso Nacional.

Esta casona, después de varios dueños, en 1993 fue adquirida por la Asamblea Legislativa del estado para asiento de sus archivos y ahora dormitorio y comedor de funcionarios del actual Consejo Legislativo.

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