Dejen El Peo

Nota de prensa

Mi abuela influyó mucho en mi formación; de lo que más me combatió fue el uso de “malas palabras”. Creo haber aprendido la lección: ni en mis escritos ni en mis intervenciones públicas recuerdo haber usado una “mala palabra” y de las incontables cosas que me separan del chavismo-madurismo la degradación del discurso es una de ellas.

El fin de semana acompañamos a Juan Guillermo Requesens, padre del diputado Juan Requesens en su visita a Monagas. Asistimos a los foros que ofreció en Maturín, Caripe y Punta de Mata, tomó café con nosotros en casa muy temprano el sábado y el domingo fuimos juntos a misa en memoria del mártir Fernando Albán.

Requesens habla con la pasión y el dolor de quien tiene un hijo preso injustamente. Repasa rápidamente la trayectoria de líder comprometido de Juan, de su talante democrático y su decisión de contribuir a la pronta salida del régimen por vías constitucionales, de su rechazo a la violencia. Relata sobre la desaparición forzosa de sus muchachos porque en las primeras de cambio también a Rafaela se la llevaron unos 40 hombres encapuchados y armados del edificio donde habitan en Caracas. Como si fuera abogado, que no lo es porque de profesión es médico a lo que sumó durante años la condición de militar asimilado, puntualiza las violaciones a los derechos humanos que son universales y a principios constitucionales que se han sucedido para que al diputado Requesens, a pesar de su inmunidad parlamentaria, lo retengan en una celda. Muestra pero no ve –“no puedo verlos” tartamudea- los videos que publicaron queriendo degradar a Juan –el de la supuesta confesión y en calzoncillos-, drogado según testimonia, que nos indignaron. Comenta sobre las cuatro visitas que hasta ahora les han permitido y entonces pausadamente cumple con lo que a mi juicio es la misión más importante que su hijo le ha encomendado:

“Expliqué a Juan que iniciaría un recorrido por el país. Le pareció bien que lo hiciera pero no por él sino por todos los presos políticos y por la liberación de Venezuela. Cuando le señalé que en ese recorrido planeaba encontrarme con los líderes de los partidos y grupos opositores me pidió con mucho énfasis: Papá, dile a ellos, que dejen el peo, que se unan que es la única manera de salir de este drama”.

“Que dejen el peo” repitió una y otra vez.

El domingo, sentados lado a lado en misa, Juan Guillermo, Larissa, María Gabriela Hernández, José Antonio Mendoza, Juan Pablo García –diputados los 4 últimos a la Asamblea Nacional- y yo, nos conmovimos con el sermón del sacerdote oficiante quien puso mucho énfasis en el largo camino de sacrificio del político que entiende la política como servicio por el bien público, como la entiende Juan, como se sacrifica Juan.

Cuando salimos varios jóvenes portaban franelas con #LiberenARequesen pero pensé como que ya lo apropiado es mandar a hacer un lote que expresen #DejenElPeo y se las mandemos a buena parte del liderazgo nacional. Y perdón abuela, por la “mala palabra” pero no hay manera de decirlo distinto.

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