Fernando Acosta: “La fotografía no la busqué, ella me llegó sola”

De su vida…

Fernando Raúl Acosta es el nombre de pila de aquel niño que circunstancialmente nació en Caracas, capital de la República de Venezuela, el 9 de enero de 1967.

A pesar de ese, el primer capítulo de su vida, Fernando ha pasado todo el resto de sus años en Santa Ana de Coro, capital del estado Falcón.

Su niñez la recuerda con mucha claridad, se trata de las primeras imágenes que fotografió con su mirada y guardó en su mente entre los hermosos momentos que vivió en el Barrio Las Panelas, una parroquia coriana.

Eran años felices -según recuerda-, mientras muestra en su rostro la noble sonrisa que siempre le acompaña. “Mis hermanos mayores se encargaban de los más pequeños mientras mamá iba a trabajar”.

Fernando proviene de una familia muy humilde, donde sus hermanos mayores (seis antes de su alumbramiento) se encargaron de proteger la inocencia y la felicidad de los más pequeños.

Rememora los días de lluvia en casa, porque era la única oportunidad de salir al patio y jugar con barro. Era uno de sus momentos preferidos. Sus juguetes fueron todos hechos de barro. Son recuerdos imborrables para él.

“Tuvimos una abuela que nos consentía mucho y unos vecinos muy solidarios. Esa fue mi niñez. Éramos 11 hermanos en total, yo fui el séptimo”.

Su mamá, a quien describe con profunda admiración, fue una mujer noble y llena de mucho amor, que se esforzó cada día por él y sus hermanos, desde que se levantaba muy temprano en la mañana, haciendo oficios en casa y trabajando incansablemente para otras personas.

“Mamá me enseñó a trabajar, me enseñó la nobleza del trabajo. De ella también aprendí del amor ante todas las otras cosas, aprendí a perdonar y a ser solidario con los demás. Estas tres cosas valen mucho”.

A su padre dice no haberle conocido bien, le veía esporádicamente y son muy vagos los recuerdos que tiene de él durante su niñez.

En la adolescencia se interesó por estudiar, quizá en algunas travesuras propias de los jóvenes de otrora y en compartir con sus amigos. No fui un chico muy extrovertido, aún no lo es.

Se graduó de Bachiller en Ciencias. Sin embargo paró muy pronto para formar familia.

En 1989 contrajo matrimonio con Miriam López, con quien tuvo dos hijos: Luis Fernando y María Fernanda.

Al chico lo describe como un joven batallador que cree tiene mucho de él. Es un soñador, asegura. Ahorita está en Ecuador luchando y tratando de consolidar esos sueños.

Cinco años después nació María Fernanda. El amor más grande de Fernando. “Las niñas causan en los padres (hombres) una explosión de sentimientos amorosos”, afirma con mucha seguridad.

Ella está ahorita en Curazao, también bregando por sus sueños, tratando de conseguir recursos. Entre esas dos criaturas está el corazón de Fernando Acosta.

… la Fotografía.

“La fotografía no la busqué, ella me llegó sola”… cuenta Fernando.

Su familia era muy numerosa y todos debían trabajar. Así pues, su hermano Napoleón, quien laboraba en el Diario El Falconiano, le consiguió una oportunidad para pintar el edificio donde funcionaba el rotativo.

Comenzó la labor asignada como él sabe hacerlo, con gran responsabilidad y entusiasmo. Allí, el periodista Lino Segundo Revilla le tomó confianza y dejó que trabajara en el periódico.

“Era fuerte porque el trabajo que me ofreció era de fotomecánica y salía entre las tres y las cuatro de la mañana; y a las siete de la mañana entraba a clases. En muchas oportunidades me quedé dormido sobre el pupitre, así que por ese año tuve que dejar los estudios hasta que fui a otro liceo donde tenía el horario en la tarde”.

 

Así pudo Fernando terminar sus estudios y continuar trabajando.

En 1990 comenzó a trabajar en el Diario La Prensa y a través de una cámara prestada exploró por primera vez la fotografía periodística.

“Me iba con el señor “Chucho” que hacía la ruta de la Costa y podía realizar algunos trabajos de fotografía por allá que luego ofrecía al periódico”.

Para entonces, Fernando no tenía mucha experiencia en el área y mucho menos conocimientos acerca de la fotografía reporteril; pero ya había comenzado a ganarse la confianza de la gerencia de ese medio impreso que le daría, en breve, la oportunidad de ser reportero gráfico.

Allí estuvo un año y medio. Se fue luego a El Portavoz, dirigido por el periodista Osiris Martínez y posteriormente al periódico meridiano La Noticia también en su amado Falcón.

Por esos años, Fernando tuvo la fortuna de encontrarse con Ángel Ramón Medina, quien descubre su potencial para la fotografía y comienza a guiarle, a hablarle acerca de fotografía periodística, a trabajar la expresión dentro de este arte.

“Me regaló libros y siempre estuvo pendiente de mis primeros pasos”.

Aunque esta cercanía con Medina no fue larga, fue fructífero el camino en el que, con su ayuda, comenzó a transitar.

De allí pasó en 1993 al extinto Ministerio de Transporte y Comunicaciones (MTC), donde trabajó durante un par de años desde la bajo la Dirección de Prensa a cargo de la licda. Yanileht Rodriguez.

Luego fue a la Fundación del Deporte del estado Falcón junto a los periodistas Salvador José Pachano y Zuly Jiménez. Allí aprendió muchas cosas junto a ese equipo de prensa, personal y profesionalmente.

“Por esa época comencé a explorar al objeto que fotografiaba. Los deportistas específicamente son personas que significan mucho, se esfuerzan, poseen disciplina, son personas con sueños. De alguna manera uno se relacionaba con ellos, tratando de motivarlos e incentivarlos a partir del hecho fotográfico”.

Esta etapa fue de aprendizaje para su vida, una gran lección.

A partir de aquí, la fotografía de Fernando Acosta comenzó a mostrar al hombre ya no como un objeto, sino como un ser vivo, con sentimientos.

Eso trata de mostrar desde entonces, eso resalta Fernando Raúl Acosta en la fotografía.

“Aprendí a hacer la fotografía más emotiva, tratando con esto también de, quien los viera (a los deportistas), les reconociera como lo que son: héroes que libran grandes luchas para alcanzar metas. Poseo de esos años un muy buen archivo de esa generación de jóvenes deportistas, luchadores, con quien me gustó mucho compartir”.

Fue una etapa que le motivó. De hecho, confiesa (entre risas) haber practicado casi todas las disciplinas deportivas, desde metra hasta softbol, a excepción de la natación, que nunca atrajo su atención.

A partir de estas experiencias, Fernando comienza a reconocer la fotografía como una llave que abre la puerta para conectarse con el ser que fotografía.

“La fotografía dice mucho acerca de la vida de la persona fotografiada. Uno se conecta con la persona a través de la fotografía”.

Hoy día está consciente de qué es la fotografía y lo que significa para la humanidad. Ya no le ve solamente como el medio para encontrar sustento, sino el compromiso que ha llegado a tener con el oficio de la fotografía.

“La fotografía es una pasión, una pasión porque es un explorador de vidas, de personas. Es un registro que se queda para la humanidad, considere o no la humanidad que es así”.

Piensa que siempre, por el mismo hecho del periodismo, se causa un impacto con lo que se hace; se deja una huella para la posteridad, para las generaciones futuras.

Dos Preguntas, una respuesta.

¿La mejor fotografía?

No la he hecho todavía. Siempre busco hacer la mejor fotografía.

¿Cómo te ves en el futuro?

Haciendo fotografía. Quiero seguir conociendo gente. Dios quiera que por ahora mi vista no me falle, mi cuerpo no me falle, para seguir haciendo fotografía hasta ya no más. Es un gusto y más que eso, una pasión. 

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