Rumanos sin patria

Sinagoga Mare (Gran Sinagoga) de Bucarest, simbolo del judaísmo en Rumania
Sinagoga Mare (Gran Sinagoga) de Bucarest, simbolo del judaísmo en Rumania - Agencias

“Dime por favor donde no estás , dónde puedo vivir sin recordarte, y dónde recordarte, sin que me duela”

La historia de Rumania es algo desconocida.

Rumania ha mutado en el tiempo; fue parte de los Imperios: Otomano, Romano, Austro-húngaro y del Ruso. Hoy día limita con Hungría, Serbia, Ucrania, Moldovia y Bulgaria.

En Rumania se desarrolló una importante comunidad Judía, tanto Sefaradí como Ashkenazi. Muchos de los judíos nacieron en Chernivtsi zona que actualmente pertenece a Rusia.

Rumania no ha logrado lucir, a pesar de su gran potencial, pues fue gobernada en el pasado por monarcas y tiranos, sin embargo personalidades de Rumania han destacado en el mundo, para lo bueno y lo malo. Entre los muy malos están los dictadores y colaboradores con el régimen nazi, esto es imborrable.

En la segunda Guerra Mundial Rumania infringió a los judíos un gran sufrimiento al expulsarlos, obligarles a renunciar a su nacionalidad y despojarlos de sus bienes.

Los judíos de Rumania nacieron, estudiaron allí y muchos activaron en el partido comunista; con el tiempo, algunos pocos, lograron recuperar su pasaporte.

Hoy día, y como si fuera una política de estado, algunos rumanos judíos se encuentran en una situación extraña: se les niega el derecho a renovar sus pasaportes o, simplemente no se les otorga y ni hablar de sus descendientes, a quienes los trámites se les hacen prácticamente imposibles. Yo he sido testigo de alguna muy mala experiencia, pero los afectados no despiertan.

Las excusas son múltiples; una de ellas, muy bizarra por ejemplo, es que a los nacidos en ciudades que ya no forman parte de la Rumania actual, simplemente no se les reconoce su nacionalidad. Otros son rechazados, pues se alega, sencillamente que renunciaron a su derecho al salir del país cuando no tenían otra opción. A otros más les ponen todas las trabas burocráticas inimaginables.

Esta nefasta situación ya hace ruido en el mundo, tenemos que documentarla y pronto la Unión Europea tendrá que tomar medidas. ¡Como español alzo mi voz!.

Si Rumania quiere permanecer de lleno en la Unión debe respetar los Derechos Humanos. Rumania no solo debe reconocer los derechos de quienes allí nacieron, fueron humillados y expulsados: también tiene que indemnizarlos y devolver las propiedades a sus legítimos dueños o sus descendientes.


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