Tiempos de cambio: La liberación de presos políticos

Vladimir Villegas
Vladimir Villegas - Globovisión

Hay que estar en el pellejo de un preso político y de sus familiares para entender lo que significa una decisión de excarcelación, independientemente de las condiciones en las cuales ésta se produzca. Ya el solo hecho de salir a la calle, reencontrarse con sus seres queridos y con sus compañeros de lucha, ver el sol sin barrotes, es un alivio, sobre todo cuando se trata de detenciones arbitrarias basadas en el castigo a posturas disidentes.

En tal sentido no se puede valorar sino como un hecho positivo las liberaciones de presos políticos, aunque algunas o la mayoría de ellas vengan con la letra chiquita, es decir, "ciertas condiciones aplican". Y ahí, como decía Mario Moreno, "Cantinflas", está el detalle. El gobierno envía una señal como lo es la liberación de estos opositores, pero de seguidas reincide en su ya tradicional práctica de dejarlos pegados al grillete de las presentaciones cada cierto tiempo en los tribunales, la prohibición de dar declaraciones públicas y la imposibilidad de salir del territorio nacional.

¿Será miedo o su propia condición represiva, o ambas cosas, lo que lleva a tomar medidas que, en la práctica terminan siendo un auto saboteo de un gesto político importante? ¿O concesiones a sectores internos del oficialismo partidarios de cero diálogo, cero libertades, cero "actitudes débiles frente al enemigo" ? Lo cierto es que estas medidas, aunque positivas, lo serían mucho más si no viniesen con esos añadidos propios de gobiernos autoritarios que confunden reconciliación con sumisión.

Estas liberaciones son resultados de un clamor nacional, pero también pesa allí la presión internacional, y ejemplo más claro que el de la liberación sin condiciones del ciudadano norteamericano Joshua Holt no hay. Fue, sin dudas, un gesto hacia el gobierno de Donald Trump, luego de la declaratoria como "personas non gratas" del Encargado de Negocios y del Jefe de la sección política, Todd Robinson y Brian Naranjo, respectivamente. A eso agreguémosle que en el plano internacional hay preocupación por la innegable violación de derechos humanos en nuestro país.

Recuerdo que en el segundo gobierno de Rafael Caldera los oficiales involucrados en las insurrecciones militares del 4F y 27N de 1992 fueron objetos de medidas de gracia. De la cárcel algunos, como Hugo Chávez , salieron a hacer política, sin restricciones legales, desde una posición radicalmente opositora. Otros fueron a cargos en el gobierno nacional, y otros en la Alcaldía de Libertador, con Aristóbulo Istúriz, en ese tiempo militante de La Causa R. Muchos de ellos, es cierto,también fueron detenidos por al Disip y la DIM, pero los diputados podíamos visitarlos. A ninguno se les prohibió declarar ni hacer actividad política.

¿Por qué entonces ahora se conceden libertades restringidas por una censura que no es nada democrática y por otras prohibiciones? Sinceramente no puedo entenderlo. ¿Cómo es eso que desde el gobierno y la tal Asamblea Constituyente se les llame a hacer política en paz y a la vez se les niega el derecho a expresarse a través de cualquier medio de difusión?

¿Y cómo es que la llamada " Comisión de la Verdad" , o de la media verdad, como debería ser denominada, los sienta a escuchar un sermón, sin ningún derecho a replicar otras tantas medias verdades, "pos verdades" o mentiras que deben soportar como requisito previo para salir del infierno que significa estar preso en cualquier cárcel venezolana?

¡Qué espectáculo tan penoso y humillante! Me recuerda los tiempos de la dictadura de Pérez Jiménez, cuando el régimen ofrecía libertad a cambio de firmar una caución. Mi padre, Cruz Villegas, al igual que cientos de presos, y con el apoyo decidido de mi madre, Maja Poljak, se negó a firmarla, y por eso lo enviaron confinado a la selva amazónica. Eran otros tiempos y otras condiciones. Pero el deseo de reducir al preso, de someterlo a los caprichos del poder, sigue siendo el mismo. Es doloroso que víctimas de la represión del pasado terminen de alguna forma imitando a sus victimarios.

Si se quiere mostrar un gesto de reconciliación, lo lógico es que la libertad sea plena, y que sea general, para todos los presos políticos, sin excepciones. Ojalá que al final así ocurra .Que no quede un solo preso político en las cárceles venezolanas. Ah, y también es repudiable que se mezclaran detenidos por razones políticas con gente presuntamente involucrada en delitos de naturaleza común, como estafas, por ejemplo.

Para que haya reconciliación tiene que haber justicia.