¿Y AHORA, QUE?

Referencial

Probablemente nunca se sabrá con precisión cuantos venezolanos votaron en las elecciones municipales del pasado domingo.

La presidente del CNE anunció que la participación fue de 27,4% mientras que reportes de la observación de partidos políticos opositores la ubican alrededor del 20 %. Meganalisis informó que apenas fue de 11,16 %.

20.704.612 electores estaban sujetos a acudir a las urnas con lo que los abstencionistas se movieron entre 15.031.548 y 18.393.977.

¿Qué perdió el gobierno? Claro que perdió y rotundamente. Con las principales organizaciones partidarias fuera de la contienda, sin testigos suficientes de los candidatos distintos a los oficialistas, con una larga lista de irregularidades que llenaron las redes incluyendo la ubicación de puntos rojos a poca distancia de los colegios, uso del carnet de la patria como mecanismo de control, reparto de migajas a quienes acudieron, uso de recursos públicos para movilizar, el PSUV y sus aliados cayeron según las cifras oficiales en casi 3 millones de votos con respecto a los que obtuvo Nicolás Maduro en el cuestionado proceso de Mayo mientras que la participación bajó en redondo 20 puntos.

Más aún, Súmate señaló que, en abierta violación a disposiciones de la ley, el 33,2 % de los centros permanecieron abiertos después de las 6 pm sin tener electores en cola, en el 58,5 % de las mesas no se permitió el acceso de ciudadanos al acto de escrutinio y en el 59,4 % al de verificación ciudadana que el 49,7 de los casos ni siquiera se cumplió.

El oficialismo pudo hacer lo que quiso en las mesas de votación y a pesar de tanta trampa una inmensa mayoría del país les dio la espalda.

¿Qué ganó la oposición? No lo sé porque seguramente en incontables casos los que no acudieron a los centros no se sienten representados en quienes promovemos un cambio y si bien desean salir del actual estado de cosas la desesperanza les impide ir más allá de un domingo electoral pasarlo jugando truco o viendo televisión.

¿Y ahora qué? Depende; puede ser todo o nada.

Si nos unimos de verdad, enterramos la terrible campana de autodestrucción que en los últimos tiempos se ha desatado, privilegiamos los intereses del país y los de nuestros connacionales a los particulares, organizamos, conectamos con la inconformidad y articulamos con la protesta social, presentamos y emocionamos con un proyecto país, explicamos y convencemos como sacaremos prontamente a Venezuela de esta dramática crisis, todo.

Si espero por la intervención extranjera, pasamos el día “combatiendo” por Twitter o Facebook, si dejo la responsabilidad a los políticos, paso la noche en la cola del banco echando cuentos, me apretujo en las perreras entre chistes, pongo contento cuando me llega este diciembre la mitad de un pernil raquítico, no me importa que mis hijos se acuesten con hambre, la vida de mi abuela esté en riesgo por falta de medicamentos, mis sobrinos se hayan marchado lejos en búsqueda de oportunidades o asistir al velorio de un vecino muerto por el malandraje desatado, nada. Nada de nada.

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