¿Hay chance de una transición en paz?

Vladimir Villegas
Vladimir Villegas - Globovisión

Entre marchas, contra marchas, apagones, suspensión del servicio de agua, expectativa y tensión frente al venidero impacto de sanciones, nuestro país va camino al mes de mayo sin que se avizoren perspectivas reales de una solución al conflicto político, a la crisis de gobernabilidad que vivimos y a la mengua económica y social que ha hecho crecer el ejército de pobres, al cual se incorporan importantes sectores de la clase media arruinada en tiempos de la Venezuela potencia.

Los factores opositores, encabezados por Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional y reconocido como presidente interino por casi cincuenta países, siguen transitando la ruta convertida en mantra: “cese a la usurpación, gobierno de transición, y elecciones libres”.

Solo sectores minoritarios de lo que pudiéramos llamar la oposición moderada se deslinda de esa ruta. Algunos partidos y grupos la apoyan para no salirse de lo políticamente correcto.

Sus líderes prefieren pasar agachados para no entrar en contradicción pero a la vez para no retratarse en exceso si la flauta le deja de sonar al dirigente de Voluntad Popular que hoy reúne tras de si un significativo apoyo de una población descontenta y a la vez desesperada.

Otros, dominados por el extremismo, van apostando a salidas más drásticas, casi clamando gritos por la intervención militar y por que se llegue a esa supuesta solución por la vía de estirar como un chicle la constitución en su artículo 187, para que se entienda como una misma cosa una misión militar y una intervención armada.

Para este sector no hay manera de abrir camino a ningún tipo de salida negociada, ni tiene sentido otra cosa que plomo parejo para resolver esto de una buena vez. Solo que no lo terminar de decir con claridad.

En el campo de sectores que respaldan a Guaidó también hay quienes apuestan a la solución negociada, y tampoco lo asumen con la fuerza y la claridad necesaria. Algunos apenas lo susurran, por temor a seguir siendo estigmatizados como colaboracionistas, chavistas disfrazados, vendidos o infiltrados, por señalar siquiera unos cuantos “argumentos”.

Pero ya se comienzan a escuchar tímidas sugerencias de alterar el orden del mantra arriba señalado. De ir adecuándolo a las circunstancias y a las perspectivas que se vayan abriendo. Hoy la capacidad que esos sectores tienen para incidir es muy limitada.

Los hechos irán indicando si esa ruta, que hasta ahora es el leiv motiv de Guaidó y sus más cercanos acompañantes, sufre o no modificaciones de forma y fondo o se mantiene inalterable.

Por ahora es la propuesta opositora que tiene respaldo en la calle. Eso es inocultable. También lo es que ninguna hoja de ruta, y menos en una realidad tan compleja como la venezolana, es inmodificable.

Uno de los dilemas presente todavía en la dirigencia opositora es si se debe dejar abierta o no la puerta a un escenario de negociación para allanar el camino a una transición política. Que en la calle y en los medios se niegue el diálogo o la negociación por razones tácticas, por temor a que se difumine el apoyo popular, puede ser comprensible.

Pero es obvio que no se puede descartar ese escenario. El problema podría presentarse si realmente se abre esa brecha de negociación con todos los hierros y no prevalece la madurez para impulsar esa opción, la claridad para explicarla y la valentía para enfrentar a sus detractores.

El impulso de una negociación no depende exclusivamente del deseo de una de las partes. Si es por deseo, el gobierno de Nicolás Maduro no quiere negociar su salida del poder.

Prefiere atornillarse, atrincherarse hasta donde le den las fuerzas. Y, de ser posible, llevar las cosas al extremo que sea para impedir su desalojo de Miraflores. Lo viene demostrando.

Pero las circunstancias, cada vez mas complejas, pueden llevar a que desde su propio frente interno se le imponga la necesidad de negociar incluso su salida del poder, a corto o mediano plazo, bajo determinados parámetros y acuerdos.

No sería la primera ni la ultima vez que le ocurra eso a un gobernante con altos niveles de rechazo nacional e internacional. Que eso hoy no luzca probable no quiere decir que mañana no lo sea. El juego no termina una hasta que se acaba, dice una máxima del béisbol.

Una solución negociada es lo que más le conviene a Venezuela. No tengo la menor duda de eso. Y hay que trabajar en la construcción de puentes, túneles, boquetes o pasadizos que abonen esa posibilidad.

Al menos hay que intentarlo. Una transición en paz hacia un nuevo momento político, impregnado de democracia,de espíritu de reconstrucción institucional y de recuperación económica y social.

Cerrar el paso a una transición en paz hacia el cambio, que ya es clamor nacional, es abrir las compuertas a cualquier cosa, sobre todo a un escenario que nos hunda en una vorágine de confrontación violenta, del cual ningún país sale ileso.

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